LA MIRADA DE DIOS
Cuando la mirada de Dios
se posa en el hombre,
su natura se vuelve savia blanca,
su capa negra se torna en lirio,
su alma, se llena de lámparas de gozo y alegría;
quiere amar también.
La mirada de Dios llena de ternura,
quema cualquier atadura;
con su mágica dulzura
aplaca toda fuente oscura.
Es la mirada que transforma,
que acompaña y conforta.
Es la mirada de infinito amor
que irradia con sus rayos a los buenos,
y con mayor ahínco al pecador.
Porque el señor ama a todas sus criaturas,
a ninguna le niega sus ternuras.
¡Mírame señor!
mira mis pupilas de miseria y pequeñez,
¡Soy un pobre barro
sin rumbo!
Si no me miras, me pierdo en el oscuro mundo,
ciega camino; me hundo en el abismo profundo.
Sí me miras,
soy rosa buena,
amo a todos con espíritu fecundo.
¡Tu amor el alma me llena!
Autora Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados

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