
EL ENTIERRO DE JESÚS
Entre llantos y sábanas blancas descienden el rostro yerto
del santo olivo del mundo
su virgen madre con el corazón atravesado de dolor
lo observa llorosa, ¡Pobre pequeña flor!
Contempla los signos del suplicio de su hijo,
el niño de sus entrañas esta irreconocible,
su corazón de madre se quiebra en tristeza indescriptible.
El discípulo Juan lo arropa
no puede contener el llanto,
José de Arimatea pide el cuerpo de Jesús
para enterrarlo en una tumba digna que donó.
Entierran el cuerpo del Cristo
pero su alma y su alma siguen vivos
espera en esa fosa
el momento de su resurrección gloriosa.
Le envuelven con las sábanas y en la cabeza le colocan el sudario
sellan el sepulcro con una gran roca
para impedir acciones sospechosas.
El rey del mundo, el inocente cordero, encerrado en esa oscura fosa,
nos invita a lamentarnos por nuestras conductas deshonrosas.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-derechos Reservados
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