Este domingo de ramos
con nuestras palmas virtuales alegres,
iremos con fe y alegría a tu encuentro señor,
Contigo triunfantes entramos a Jerusalén,
porque somos tus hijos,
porque tú nos regalas alegría y la paz
en los momentos de fuego y agraz.
¡Oh príncipe de paz!
Regala al mundo tus rayos de compasión y bondad.
En el pollino de la humildad
queremos habitar,
saber que somos solo mísero polvo
sin tu mano protectora, señor.
El pueblo te aclama jubiloso:
¡Bendito el que viene en nombre del señor!
Bendecido seas siempre por mi boca y mi corazón.
Tu mensaje en la tierra fue de paz y amor
y nosotros, malos hijos, te pagamos con crucifixión.
¡Te reconocemos como nuestro único señor!
No nos abandones roca bendita,
en ti está puesta nuestra esperanza y nuestra salvación.
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados ©


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